El Régimen de la Copropiedad Horizontal

Advice / Strategy


El Régimen de la Copropiedad Horizontal
Victor Leon , Professor, Colombia

Tema sobre propiedad horizontal: las posibilidades dentro de este universo de poblaciones concentradas.


Por: Víctor Orielson León Parada
Marco Histórico.
A. 9 de abril de 1948 - Bogotazo
B. Reconstrucción del centro de la ciudad
C. El Gobierno Nacional, concentra toda la actividad de reconstruir la ciudad. Edificabilidad en altura. Las casas viejas e incendiadas son convertidas en edificios de oficinas y en algunas propiedades bifamiliares y horizontales.
Marco Histórico.
La historia del Centro de la ciudad de Bogotá, es un viaje a los momentos que durante el siglo XX incidieron en el crecimiento y desarrollo urbano de Bogotá, principalmente de su centro urbano. El objetivo es encontrar la relación entre los sucesos que causaron el deterioro físico y social del centro de Bogotá y que tienen su epicentro en la localidad de Los Mártires. Hablar de la historia de Bogotá en los inicios del siglo XX es hablar de la historia de la localidad de Los Mártires, pues aunque se haya institucionalizado en los años setenta como alcaldía local, desde esa época la localidad encauza su destino urbano al convertirse en área pericentral.
Este tópico está enmarcado en los procesos urbanos que ayudaron a transformar el sector de área periférica la centralidad de primer orden y luego de centralidad a pericentro, con la consecuente degradación del espacio urbano. La fragmentación de las haciendas, la parcelación y la división predial, así como el interés por la modernización de la ciudad —reflejado en las nuevas técnicas del diseño urbano, la industrialización y la explosión urbana en los años setenta, entre otras—, son temas que ayudan a comprender la historia de los sectores de mayor peligrosidad.
Todo tiene un origen, de esa Bogotá parroquial, pacata y contagiada de las modas Europeas, tal pareciera, se despertó un día aciago y mandó para el carajo toda esa falsa zalamería que les ahogaba su inmediatez. Un pueblo desequilibrado y marginal, se rebeló drásticamente contra una oligarquía perfumada que caminaba sobre las excretas y cloacas de las abiertas cañerías por donde circulaban las aguas servidas. Era sui generis su forma de vida. No obstante, los fragores políticos de la Patria Boba todavía estaban enquistados en sus habitantes y se paseaban orondos por sus cetrinas calles. El bipartidismo agobiante que evitaba a cualquier costo que las clases populares tuvieran representación política, fue el culmen de este pedazo de historia.
9 de abril de 1948 - Bogotazo
Aparece el famoso Bogotazo que destruye esa imagen patriarcal, omnímoda y clasista, monacal y re-goda. Surge un fenómeno político que se debe y tiene que derrumbar, desaparecer, anular: un negro mestizo con aires arrogantes de poder: Jorge Eliecer Gaitán, parte su historia de ciudad tranquila y pacata. El 9 de abril de 1948 – Bogotazo: El Bogotazo fue un suceso que marcó fuertemente a toda la sociedad bogotana. Dejó marcada una huella total en la historia de Colombia. Muchos historiadores afirman que el 9 de abril de 1948 fue la fecha en la cual nace la real violencia en nuestra nación; y también marcan esta fecha como el inicio de la insurgencia guerrillera en el país.
En este punto se pasa de una lucha bipartidista de derecha a ser una guerra del Estado contra los movimientos de izquierda. Estos movimientos de izquierda surgen a causa del pueblo, no aguanta más abusos de sus dirigentes y al inconformismo de muchos, y la influencia del éxito de la Revolución Cubana; siendo el icono latinoamericano del cambio en aquella época. Estos grupos insurgentes tienen antecedentes de ser grupos de autodefensas, grupos de campesinos liberales que se arman para defenderse del abuso del ejército nacional del bando conservador. La muerte de Gaitán causa un gran disgusto en la gran mayoría de los ciudadanos de Bogotá, los partidarios de Gaitán se enfurecen y hacen “justicia a mano propia” asesinando al “culpable” de la muerte del Caudillo, Bogotá es destruida y se envuelve en la anarquía total.
Luego vino entonces el final de la crisis. Mariano Ospina Hernández ofreció el Ministerio de Gobierno a Echandía y el resto de las carteras de la mitad del gabinete a otros tantos liberales prominentes. Echandía respondió al Jefe del Estado que su aceptación estaba condicionada al conocimiento de los nombres que integrarían la nómina ministerial. Echandía la encontró equitativa y satisfactoria y aceptó. Renacía en esa forma la Unión Nacional. Hacia el 15 de abril, cuando el Ejército ya había tomado el control de la ciudad a fondo, el espectáculo era desolador. No todo Bogotá, como informaron exagerando, algunos medios, pero sí su área central configuraba, con algunas salvedades aisladas, el panorama de una urbe bombardeada sin tregua ni contemplaciones.
El pillaje y el saqueo al comercio se habían practicado en forma salvaje, y en los días siguientes se convirtieron en un sórdido negocio de mercachifles clandestinos. Acaso los incendios y la devastación habrían sido peores a no ser por un aguacero que empezó a caer en forma pertinaz sobre la ciudad en la tarde del viernes 9 y, además, porque las hordas se dieron con verdadera voracidad a saquear los expendios de licores y a beberlos en las propias botellas, con la consecuencia de que se embriagaron de manera fulminante. La beodez atemperó y en ocasiones frenó del todo los ímpetus devastadores. Algunos tozudos francotiradores permanecieron agazapados en techumbres y ruinas disparando ocasionalmente contra la fuerza pública, hasta que en su mayoría cayeron abatidos.
Una investigación realizada sobre los inventarios de la Junta de Reconstrucción, demostró que el total de edificios incendiados ascendió a 136, de los que sólo 7 eran ofíciales. Los inmuebles destruidos fueron avaluados en 37 millones de pesos, lo cual resultó ser una cifra engañosa, puesto que las construcciones que sucumbieron el día fatídico sólo sumaron un valor de seis millones y medio de pesos. El resto era el valor de la tierra que, como es obvio, no se perdió, ni quemó, ni evaporó.
Las mencionadas 136 edificaciones estaban situadas entre las calles 10 y 22 y las carreras 2a. Y 13. Los incendios afectaron un poco menos de 30 manzanas. El saqueo se concentró en el área comercial que, como bien es sabido, estaba localizada entonces casi totalmente en el centro. Los depredadores prefirieron ante todo víveres, ropa, muebles y artículos de lujo y valor tales como joyas, electrodomésticos (planchas y radios), bicicletas, etc. Y cabe anotar que no fue solamente el lumpen más ruin de la ciudad el beneficiario del pillaje. Trabajadores y pequeños comerciantes también intervinieron en el siniestro festín, y posteriormente, gentes de las clases media y alta sacaron incluso amplio provecho del latrocinio, comprando como reducidores de baja estopa, toda suerte de mercancías a los saqueadores a precio vil.
En cuanto a las reclamaciones que hubo de atender el Gobierno, se contaron entre ellas la de los Hermanos de la Salle, que cobraron $778.228. Oo por el Instituto el cual quedó totalmente arrasado; la Arquidiócesis, que recibió $221.978. Oo; el propio Arzobispo, quien, sin haber presentado reclamación, recibió $102.048. Oo; el doctor Laureano Gómez, que presentó reclamación por los incendios de El Siglo y de su casa, y fue indemnizado con $188.075.00.
Respecto a los blancos elegidos por las turbas en las primeras horas del motín, hay algunas discriminaciones curiosas. El bellísimo Hotel Regina situado donde hoy está el Edificio Avianca, fue reducido a escombros, mientras el Granada, ubicado frente a la del Hotel Regina, sobre el costado Sur del parque Santander, quedó intacto. Igualmente indemne quedó la Embajada de los Estados Unidos, que en aquella época estaba en la carrera 9a. Con la calle 12. La Gobernación de Cundinamarca fue atacada e incendiada, aunque no sucumbió del todo y pudo ser reconstruida; pero la bella iglesia colonial de San Francisco, contigua a la Gobernación, no sufrió daño alguno.
La Cancillería de San Carlos fue parcialmente incendiada, mientras su vecino, el Teatro Colón, quedó intacto. El Palacio de Justicia fue arrasado, así como el palacio Arzobispal y los Ministerios de Hacienda y Gobierno. Pero los clubes más exclusivos de la aristocracia bogotana el Jockey y el Gun Club fueron respetados. Los bancos tampoco fueron atacados. El Edificio de la Compañía Colombiana de Seguros, inaugurado el año anterior y reputado como el más moderno y lujoso de Bogotá, quedó igualmente indemne, mientras al Sur ardía el Hotel Regina, a una cuadra, y al Norte, también a 100 metros (calle 18 con carrera 7a.), las llamas consumían la vetusta estructura del Hospicio.
Desde las primeras horas del día 10 se inició la macabra tarea de remover los cadáveres del centro de la ciudad para conducirlos en furgones al Cementerio Central, donde fueron alineados en filas horripilantes en espera de que sus deudos fueran a reconocerlos, antes de inhumarlos en fosas comunes. El número de muertos fue imposible de precisar, pero se calcula que fueron aproximadamente 2.500. Sólo el Hospital de San José atendió unos mil heridos.
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